La misión de los forjadores del futuro

1.- Un ordenamiento económico y social es altamente valorado por la mayoría de la población por los logros obtenidos en el orden material y espiritual. Tener la posibilidad de desarrollarse física y culturalmente, solo se alcanza en un sistema que pone en primer plano al ser humano. El bienestar guarda relación directa con la forma de cómo está organizada la sociedad.

2.- El día martes 2 de enero en curso, 2018, un distinguido amigo que produce un programa de televisión que se origina en la ciudad de Santiago de los Caballeros, me invitó a participar en compañía suya en un conversatorio televisivo. En una parte de mi intervención expuse que es mi deseo que en el nuevo año los padres y los maestros hagan ingentes esfuerzos para que cada uno desde su espacio, hogar y escuela, realice significativos aportes para que nuestros niños y niñas aprovechen al máximo la enseñanza que reciban. La instrucción ocupa el lugar principal en el sistema de la organización de la existencia del ser humano.

3.- La ayuda de más valor hecha a una persona es hacerla acreedora comprobada de buenas cualidades asimiladas en el círculo familiar y escolar. Las particularidades que identifican positivamente a ciudadanos y ciudadanas son el resultado de lo que aprendieron de sus ascendientes y preceptores. La manera de ser en la sociedad en general, es la que se ha adquirido en el núcleo familiar y pulida en los centros escolares.

4.- Corresponde a los padres y a los maestros entregarles a la sociedad entes sociales de buenas costumbres; que se destaquen por probada integridad y conducta ejemplar. En la medida que se forman personas de elevada condición cívica y ciudadana, el país se fortalece porque va a contar con grupos humanos que aportan representatividad por su correcto proceder fruto de una exquisita educación.

5.- El esfuerzo de los padres y de los maestros se comprueba una vez se embarcan en darles una orientación correcta a niños y niñas que están bajo su responsabilidad. Es demostración de querer encaminar correctamente a los hombres y mujeres del futuro cuando los orientadores dirigen sus mensajes para que sean bien recibidos por aquellos que mañana están llamados a ser modelos de sus conciudadanos. Cautivar la voluntad mediante una prédica edificante es obra de quienes procuran adornar el pensamiento con ideas que sirvan para hacer mejores personas en sus actuaciones.

6.- Si al frente del hogar y de las escuelas están personas interesadas en desempeñar fielmente su misión formadora de niñas y niños, pueden disciplinar con calidad, guiar con buen tino y preparar el pensamiento de los que en el porvenir serán ciudadanos y ciudadanas prototipo de seriedad, sensatez, formalidad y buenos modales. Fomentar la decencia, promover la honestidad, animar el deseo de ser libre, es avivar, empujar a la niñez para que en la adultez esté apegada a la vida correcta en el seno de su comunidad.

7.- A los niños y a las niñas hay que educarles para que en el futuro procedan como adultos de actuar sencillo, libres de vicios sociales que, como la arrogancia y el engreimiento, en nada contribuyen a la buena acogida. El altanero es visto como el individuo de educación limitada que lleno de vanidad y muy presumido, se cree que está por encima del bien y del mal, y siempre listo para con su trato malvado hacer sentir mal a otro, aunque finalmente termina siendo
repugnante.

8.- Al país le conviene tener mujeres y hombres bien criados; con educación excelente y correctamente adoctrinados a los fines de que en sus relaciones con los demás puedan dar demostración de haber sido instruidos para que se comporten con amabilidad, urbanismo y cortesía. Es de suma importancia disciplinar a los niños y a las niñas para que no se comporten exhibiendo mala educación.

9.- Civilizar, dirigir bien a los que en el mañana están llamados a accionar en distintas actividades públicas y privadas, es cumplir una función social, ya sea como padre o maestro. Estimular a niños y niñas para que sean productivos, es crearles el sentido de la eficiencia para que aporten al país, sean de utilidad, aptos para desempeñarse con total idoneidad.

10.- De la buena formación de nuestros chavalitos va a depender que podamos sentar las bases para construir un país nuevo, con personas en condiciones de identificarse con los cambios sociales, económicos, políticos e institucionales a que aspiramos y merecemos. El ser humano debidamente preparado está en condiciones de hacer causa común con las fuerzas motrices que en cada coyuntura histórica se adhieren, hacen coro con los que levantan la voz demandando transformaciones.

11.- En los hogares y en las escuelas hay que ir formando el ser humano sensible, afectivo, para que aprenda a hacer suya la idea de la solidaridad, que es la más alta expresión de sensibilidad. Ser solidario, fraterno, entraña estar al lado de las causas justas, e impulsa a respaldar los movimientos de contenido social. Educar en la adhesión elimina la posibilidad de aceptar el egoísmo, el individualismo y el particularismo, así como todo aquello que motiva indolencia y dejadez.

12.- La práctica de la vida nos ha enseñado que la persona cuyos padres la educan con principios sólidos de honradez, sinceridad, laboriosidad, responsabilidad, honestidad y fraternidad, llega a ser un ciudadano o una ciudadana de bien, de fino trato, diligente, tolerante, generosa, compasiva y siempre en disposición de servir. La educación doméstica fija en la mente de los niños y de las niñas conocimientos que se convierten en componentes, fundamentos de buena conducta, constituyentes de ejemplar vida pública y privada.

13.- Los padres y los maestros son los llamados a preparar a los dominicanos y a las dominicanas para que nuestro país esté compuesto por personas probadas en la decencia, moderación y honestidad; solamente así vamos a contar con mujeres y hombres respetados y respetables por proceder de manera decente. Ajustar los actos a la decencia es demostrar apego a normas de conducta acrisolada adquirida por la instrucción impartida en un hogar modelo y escuela de excelencia educativa.

14.- Necesitamos comenzar a desarrollar a dominicanos y a dominicanas virtuosas que sirvan de ejemplo en la sociedad en el orden ético y moral, con la suficiente fortaleza educativa para resistir las tentaciones nocivas que puedan supervivir de un ordenamiento generador de taras que dañan a los seres humanos. El hecho de aleccionar a niños y niñas para que sean poseedoras de ideas de superación, hace posible tener admirables miembros en la comunidad. Enseñar las buenas actuaciones es una contribución a las futuras generaciones para ser motivadoras e incitar a la virtud y la disposición hacia el bien. Los méritos sirven para apreciar, calificar y distinguir a los miembros prominentes en un ambiente específico.

15.- Nuestro país necesita contar con personas que por la educación que les transmiten sus padres y les enseñan en las escuelas, se comporten con limpieza en sus actuaciones. Solo así olvidaremos las inconductas que ahora muestran determinados sectores que prueban que no fueron educados en honradez, probidad, compostura y modestia. La deshonestidad no tiene espacio en la mente de aquellos que fueron orientados en base a la pureza, el recato y la integridad. Los desvergonzados, los descarados se mueven bien allí donde no se tiene la honradez como signo de buena crianza en el hogar y de pedagogos cumplidores de su misión de instruir.

16.- Para bien educar a sus descendientes, no basta el papá y la mamá tratarlos con mucho cariño y complacerlos en sus reclamos materiales. Lo que importa es formarlos en valores, enseñándoles la forma correcta de cómo deben comportarse en el medio donde accionan. Debemos hacerles saber a nuestros hijos e hijas que como actúan en sus relaciones con los demás, va a depender la consideración de que se harán merecedores. El canalla no tiene calidad moral para reclamar distinción de honorable.

17.- La buena formación que padres y maestros les den, respectivamente, a vástagos y alumnos, va a permitir que nos olvidemos de las lacras que hoy lamentamos sufrir, entre las que se destacan corrupción, drogadicción, narcotráfico, sicariato, feminicidios, ladronismo, sinvergüencería, deshonestidad, así como degradación ética y moral. A nuestros chiquillos debemos levantarlos con principios arraigados, incrustados en su conciencia para eliminar del ambiente dominicano todo lo que representa asesinato, crimen, delincuente, degeneración, así como aquellos fenómenos que hacen posible la vigencia de tachas que lesionan a cualquier pueblo civilizado.

18.- Si el hogar y la escuela cumplen fielmente su misión educadora, de seguro que las generaciones venideras recordarán las tachas que hoy nos lesionan, como afrentas de un pasado vergonzoso que como seres humanos sufrimos. No debemos seguir viviendo bajo agravio, escarnio, insolencia, vituperio y contumelia. Merecemos vivir en un ambiente que no se fundamente en la preponderancia de los que degradan, deshonra, humillan, avergüenzan, abruman, en fin, toda esa escoria social que solo nos trae tristeza.

19.- En los hogares, los padres, y en las escuelas, los maestros, están en el deber de convertirse en los forjadores de los dominicanos y las dominicanas que queremos sean los ciudadanos y las ciudadanas con los cuales debemos contar en la República Dominicana; con una formación apegada a la laboriosidad, el amor a los demás, la hidalguía ciudadana y el sentido de la colaboración basada en principios éticos y morales que tengan por base una ideología humanista, fundamentado el proceder en un ideario que descanse en convicciones fruto de una prédica cargada de mensajes que pongan como objetivo principal servirle a la sociedad.

20.- La mayor gloria que puede alcanzar la familia y la escuela dominicana en todo el siglo 21, es formar para el futuro del país a seres humanos que se destaquen por sentirse orgullosos de haber sido educados con fina sensibilidad; instruidos en principios éticos y morales basados en querer a sus semejantes; instruir para ser luchadores políticos y sociales contra la desigualdad y la discriminación de cualquier naturaleza. En fin, preparados para demostrar amor y no odio; sinceridad y no falsedad, solidaridad y no individualismo, generosidad y no egoísmo, honestidad y no corrupción.

21.- El esfuerzo que hagan los padres y los maestros en la formación de la niñez del país será compensado con la satisfacción que van a tener por el deber cumplido; y saber que su batallar no fue en vano porque se impulsaron a los fines de que su deseo fuera la halagadora realidad de dejar mujeres y hombres de buen proceder. Empeñarse por aportar en el orden social es entregarse a la comunidad para el disfrute de toda la sociedad.